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Era una mañana luminosa. Las olas rompían suavemente en la arena blanca de la playa. Caminábamos junto a las hamacas mientras no muy lejos de ahí al espacio de solamente algunas horas, una chapa nevada sombraba en hielo mi domicilio débil, el pueblo capital de mala muerte, Ottawa; donde no me enseñaron los pasados. Pero ahora, estaba aquí, en la playa cubana, vestida en que no quedaría para un pijama “allá en casa”. La guía nos dijo que hay solo dos estaciones en Cuba: cuando llueve a chuzos y cuando no llueve nada. Ahora, suponía, hacía la seca, y me sentí cretina en mis botas y chaqueta esquimal.


Los oficiales al aeropuerto me abrieron la maleta, allí mismo en la sala terminal, hurgaron en todo, buscando literatura subversiva, por supuesto. Me interrogaron de preguntas de importancia nacional, sobre todo si tenía un novio cubano. ¡Mala suerte! Un tipo intentaba ligarme en la playa el mismo día. Dije que estaba compasiva, pero no soltera; estaba esperando a mi novia que llegaría esa noche. En lugar de ahuyentarlo, mi respuesta falsa inocente salió como atrapamoscas – parecía que lo había tomado como su cometido en la vida de convertirme de vuelta al lado correcto de cosas. Tanto que novio cubano. Karolina no hablaba español, pero tan pronto como llegó, le enseñó a ella a decir “Lo siento, tengo esposo” (aparentemente tener un novio no era suficiente, y tener novia - totalmente equivocado).


Teníamos tantas quejas en este paquete, o caja tonta, de vacaciones organizadas. Queríamos demandar el hotel por la presencia de otros polacos. Buscábamos echar el representativo de Transat, hijo de puta disciplinado, porque solamente fue disponible a las nueve de la mañana – ¿qué es esa mierda de programa festivo? Siguiente en la lista de deseos fue cerrar todos los baros todo incluido – sus copas eran todas dulces a lo bestia, de modo que no podía una persona normal tomar más que tres en fila. Y tal con permiso – tendríamos que estar amablemente insensibilizadas todo el día, ¿no? Pero más nos enfadΌ Julio César – por la tontería imbécil de 29 febrero, porque significó que no teníamos aniversario este mes tres años de cada cuatro; y quien sabe cuantos cachos de cuatro años duraríamos, entonces cada ocasión para una cena fuera con velas y todo fue apropiada de puta madre.


Pero batimos todas marcas con la viaje a La Habana – solas, porque despreciábamos profundamente toda pre organizada, preconcebida mierda de excursión turística. Primeramente descubrimos que existen autobuses separados para los Cubitos y no-Cubitos. Los llamábamos Cubitos, o quizá Cubañas, pero por cierto no sé si es gracioso en traducción; es así con neologismos por lo general. Hasta para comprar boletos debíamos hacer extraña cola en cuarto diferente, llevar recibos de caja a caja, y la puta de guagua salía a las ocho. Siempre ha visto motivo detrás de ‘Levantarse Temprano’ y otros slogans parecidos, pero no a punto de seguirles. Entonces cuando nos tiró el conductor no lejos de la zona turista, estábamos adormiladas, pero también, comoquiera bronceadas – blancas como papeles. Además, las únicas armadas de cámara, aretes, gafas de sol, y, gracias a Dios, un guía grueso como un ladrillo. Nunca antes me sentí como dinero en forma humana, tampoco en Nápoles. No obstante, todo el día hicimos turismo brutal; pero no pertenece tanto a esta historia. Al contrario, es digna de mención nuestra idea genial perder el ultimo autobús del día, porque salía a las seis, y eso nos pareció demasiado débil para nuestras ambiciones coloniales. Además, en la mejor tradición del continente, estábamos demasiado en plan barato para organizarnos un piso, un hotel, o algo. Nos explicamos que estando jóvenes, espíritus libres, y de vacaciones, ir de un bar preferido de Hemingway a otro (porque del guía nos parecía que fueron todos sus preferidos), y de una fiesta a otra, vamos al final a encontrarnos a la estación a tiempo para el primer autobús de mañana. Pero no sabemos nada de que el último bar, ¡el último bar en La Habana!, cerraría a las dos pasadas, y ya para llegar allá, habíamos tenido que luchar bármanes a quienes ya agarró el sueño, una carencia total de alumbrado en las calles, fantasmas de Hemingway recontando el consumo de calorías en el contingente de Daiquirí fresa, y además considerar el uso de nuestro guía-ladrillo en caso de peligro. Fue un suspiro sorprendido de alivio que los Cubitos nocturnos, evidentemente no acostumbrados a ver chicas blancas de noche, no se relacionaron con ese elemento extraño de su hábitat natural en ninguna manera discutible. Finalmente, acabamos por un vestíbulo de lujo, tumbonando, es decir, en secreto: durmiendo, como si fuera absolutamente normal, en los divanes hasta amanecer.


Cruzando la ciudad a más o menos seis de la mañana, fuimos de nuevo las solas gotas blancas en ropa de color en el mar de Cubitos apurándose a trabajo en camiones soviéticos que han sido transformados en vehículos públicos rosadas de revolución. Obtuvimos tantas chifladas que se confirma la regla rarísima que la población macho de la calle encuentra la mujer más atractiva cuando es somnolienta, todavía claramente en la ropa de la noche pasada, su maquillaje está emborronado, está generalmente arrugada y despeinada, e inmejorablemente tiene una voz áspera. No me pregunten porqué.


Tuvimos muchos otros contratiempos, relatando sobre todo la segregación Cubita/turista, y el autobús casi seguramente atropelló un burro, provocando de nosotros todavía más amenazas de responsabilidad legal. Pero de todo eso ridículo y maravilloso, lo mas ridículo y maravilloso fue que partes de arquitectura urbana – sobre todo en barrios residenciales, placitas entre grises bloques de apartamentos con salpicaduras de verde, la tienda local, escaleras – esas cosas normales, de todos los días, decorados rudimentarios, me recordaron de las mías, de cuando era niña detrás del bloque del Este. Es igualmente difícil describirlo que entenderlo; después de todo, no era Europa Central en los años ochenta, fue Cuba, estación seca de 2007. Esa afinidad arquitectónica está presente todavía en la lista de misterios antropológicos en los cuales me vi gloriosamente envuelto.

 

 

 

 © Marta Lucy Summer 2010. All rights reserved.

 

 

 

 

Vacaciones Cubitas
julio