87-87
Against
the Brain
Another One from the Shower
Blood
Cold
Feet
Crosswoards
Eat
Your Orange Like an Apple
Goldfish
Il y a quelque chose de soupçonneux
Inner
Circle
Love Poem
Medicine
Not Even a Lover
One Day When
Personal Statement
Post-dialogue
Response
Unnecessary Words
Vacaciones Cubitas
We Are
We Like Notebooks
Weird Angle
Era una mañana luminosa. Las olas rompían suavemente en la arena blanca de la playa. Caminábamos junto a las hamacas mientras no muy lejos de ahí al espacio de solamente algunas horas, una chapa nevada sombraba en hielo mi domicilio débil, el pueblo capital de mala muerte, Ottawa; donde no me enseñaron los pasados. Pero ahora, estaba aquí, en la playa cubana, vestida en que no quedaría para un pijama “allá en casa”. La guía nos dijo que hay solo dos estaciones en Cuba: cuando llueve a chuzos y cuando no llueve nada. Ahora, suponía, hacía la seca, y me sentí cretina en mis botas y chaqueta esquimal.
Los oficiales al aeropuerto me abrieron la maleta, allí
mismo en la sala terminal, hurgaron en todo, buscando literatura
subversiva, por supuesto. Me interrogaron de preguntas de importancia
nacional, sobre todo si tenía un novio cubano.
¡Mala suerte! Un tipo intentaba ligarme en la playa el mismo
día. Dije que estaba compasiva, pero no soltera; estaba
esperando a mi novia que llegaría esa noche. En lugar de
ahuyentarlo, mi respuesta falsa inocente salió como
atrapamoscas – parecía que lo había
tomado como su cometido en la vida de convertirme de vuelta al lado
correcto de cosas. Tanto que novio cubano. Karolina no hablaba
español, pero tan pronto como llegó, le
enseñó a ella a decir “Lo siento, tengo
esposo” (aparentemente tener un novio no era suficiente, y
tener novia - totalmente equivocado).
Teníamos tantas quejas en este paquete, o caja tonta, de
vacaciones organizadas. Queríamos demandar el hotel por la
presencia de otros polacos. Buscábamos echar el
representativo de Transat, hijo de puta disciplinado, porque solamente
fue disponible a las nueve de la mañana –
¿qué es esa mierda de programa festivo? Siguiente
en la lista de deseos fue cerrar todos los baros todo incluido
– sus copas eran todas dulces a lo bestia, de modo que no
podía una persona normal tomar más que tres en
fila. Y tal con permiso – tendríamos que estar
amablemente insensibilizadas todo el día, ¿no?
Pero más nos enfadĪ Julio César – por
la tontería imbécil de 29 febrero, porque
significó que no teníamos aniversario este mes
tres años de cada cuatro; y quien sabe cuantos cachos de
cuatro años duraríamos, entonces cada
ocasión para una cena fuera con velas y todo fue apropiada
de puta madre.
Pero batimos todas marcas con la viaje a La Habana – solas,
porque despreciábamos profundamente toda pre organizada,
preconcebida mierda de excursión turística.
Primeramente descubrimos que existen autobuses separados para los
Cubitos y no-Cubitos. Los llamábamos Cubitos, o
quizá Cubañas, pero por cierto no sé
si es gracioso en traducción; es así con
neologismos por lo general. Hasta para comprar boletos
debíamos hacer extraña cola en cuarto diferente,
llevar recibos de caja a caja, y la puta de guagua salía a
las ocho. Siempre ha visto motivo detrás de
‘Levantarse Temprano’ y otros slogans parecidos,
pero no a punto de seguirles. Entonces cuando nos tiró el
conductor no lejos de la zona turista, estábamos
adormiladas, pero también, comoquiera bronceadas –
blancas como papeles. Además, las únicas armadas
de cámara, aretes, gafas de sol, y, gracias a Dios, un
guía grueso como un ladrillo. Nunca antes me
sentí como dinero en forma humana, tampoco en
Nápoles. No obstante, todo el día hicimos turismo
brutal; pero no pertenece tanto a esta historia. Al contrario, es digna
de mención nuestra idea genial perder el ultimo
autobús del día, porque salía a las
seis, y eso nos pareció demasiado débil para
nuestras ambiciones coloniales. Además, en la mejor
tradición del continente, estábamos demasiado en
plan barato para organizarnos un piso, un hotel, o algo. Nos explicamos
que estando jóvenes, espíritus libres, y de
vacaciones, ir de un bar preferido de Hemingway a otro (porque del
guía nos parecía que fueron todos sus
preferidos), y de una fiesta a otra, vamos al final a encontrarnos a la
estación a tiempo para el primer autobús de
mañana. Pero no sabemos nada de que el último
bar, ¡el último bar en La Habana!,
cerraría a las dos pasadas, y ya para llegar
allá, habíamos tenido que luchar
bármanes a quienes ya agarró el sueño,
una carencia total de alumbrado en las calles, fantasmas de Hemingway
recontando el consumo de calorías en el contingente de
Daiquirí fresa, y además considerar el uso de
nuestro guía-ladrillo en caso de peligro. Fue un suspiro
sorprendido de alivio que los Cubitos nocturnos, evidentemente no
acostumbrados a ver chicas blancas de noche, no se relacionaron con ese
elemento extraño de su hábitat natural en ninguna
manera discutible. Finalmente, acabamos por un vestíbulo de
lujo, tumbonando, es decir, en secreto: durmiendo, como si fuera
absolutamente normal, en los divanes hasta amanecer.
Cruzando la ciudad a más o menos seis de la
mañana, fuimos de nuevo las solas gotas blancas en ropa de
color en el mar de Cubitos apurándose a trabajo en camiones
soviéticos que han sido transformados en
vehículos públicos rosadas de
revolución. Obtuvimos tantas chifladas que se confirma la
regla rarísima que la población macho de la calle
encuentra la mujer más atractiva cuando es somnolienta,
todavía claramente en la ropa de la noche pasada, su
maquillaje está emborronado, está generalmente
arrugada y despeinada, e inmejorablemente tiene una voz
áspera. No me pregunten porqué.
Tuvimos muchos otros contratiempos, relatando sobre todo la
segregación Cubita/turista, y el autobús casi
seguramente atropelló un burro, provocando de nosotros
todavía más amenazas de responsabilidad legal.
Pero de todo eso ridículo y maravilloso, lo mas
ridículo y maravilloso fue que partes de arquitectura urbana
– sobre todo en barrios residenciales, placitas entre grises
bloques de apartamentos con salpicaduras de verde, la tienda local,
escaleras – esas cosas normales, de todos los
días, decorados rudimentarios, me recordaron de las
mías, de cuando era niña detrás del
bloque del Este. Es igualmente difícil describirlo que
entenderlo; después de todo, no era Europa Central en los
años ochenta, fue Cuba, estación seca de 2007.
Esa afinidad arquitectónica está presente
todavía en la lista de misterios antropológicos
en los cuales me vi gloriosamente envuelto.
© Marta Lucy Summer 2010. All rights reserved.
